Estoy llegando a mi casa después de haber visto la película “Todos queremos a alguien”, no les quiero contar el final aunque la historia no es muy complicada, se basa en el dilema de dos amores: el cabrón que has amado toda la vida aunque rompió tu corazón y el niño bueno que está dispuesto a luchar por ti. Esto me hizo cuestionarme y reflexionar. ¿Por qué las mujeres prefieren muchas veces al cabrón en lugar del bueno?

Para empezar me gustaría explicar lo que para mí es un cabrón, porque no tiene que llegar al extremo de ser un infiel maltratador de mujeres. Lo veo como un hombre que no quiere estar contigo (por las razones que sean: no eres tú soy yo, no estoy listo para una relación, etc.) pero hay momentos en los que decide reaparecer única y exclusivamente para joderte la vida.

El gran interrogante es: ¿por qué las mujeres prefieren al cabrón?, ¿les gusta sufrir? A esto yo tengo una teoría. El problema principal es que el cabrón que te enamoró para luego irse y romperte el corazón tiene una gran ventaja, ¡te conoce a la perfección! Sabe cuáles son tus puntos débiles, estos hacen que tú aunque sepas que no te conviene, no serás feliz y terminarás llorando con tus amigas, lo dejas regresar una y otra vez.

Sientes adrenalina al verlo, tienes la mínima esperanza de que ahora sí ya va a cambiar. Entra el espíritu protector porque “pobrecito ha sufrido mucho y yo le puedo ayudar.” ¿Pobrecito? ¡Mis polainas! Temo decirte que una de las grandes características que tienen en común los cabroncitos es un ego del tamaño del mundo y cuando necesitan una buena dosis de egocentrismo es cuando se aparecen.

No es nuevo que a las mujeres nos encanta armarla de pedo y necesitamos cierta emoción en nuestra vida. ¡Qué frustrante puede ser no tener ninguna historia en el café con tus amigas! Eso sí, si algo debemos agradecerle a estos cabrones es que el chisme siempre se pone buenísimo.

Sin embargo, tienes que darle las gracias a ese desalmado que tantas veces te ha hecho cantar las de “Paquita”. ¿Por qué? Porque llegará el momento tarde o temprano (al menos eso espero) en el que te des cuenta que es sólo eso, alguien que llegó a tu vida para que te dieras cuenta exactamente de lo que no quieres tener en una relación, para que te ayude a valorar a ese “niño bueno” que antes pensabas que era un teto.

De antemano pido una disculpa en nombre de todas las mujeres a aquellos hombres que aún tienen buen corazón. ¡Tengan fe! Todas pasamos por malas etapas y necesitamos llegar al punto donde no nos importe no tener historias emocionantes de telenovela que contar a nuestras amigas, ese punto se llama madurez. Hay algunas que desgraciadamente nunca lo encuentran, esperemos que sí le pase a la gran mayoría.

Por increíble que suene muchas veces los niños lindos nos dan hueva, ¡es una estupidez!, pero así pasa. Sin embargo, después llega el arrepentimiento al darte cuenta que el pobre teto ni es tan teto como pensabas y por no hacerle caso está felizmente casado y tiene todo lo que un día tú anhelaste. Y tú perdiendo el tiempo con tu galán de balneario.

¿Están de acuerdo? ¡Que empiece el debate!