Después de todo lo que viví el día anterior, sabía que me esperaba un nuevo día lleno de aventuras en el mundo de “no entiendo ni madres”.  El tour del día era dar un paseo por el Río Li desde Guilin para llegar a Yangshuo.

Pasaron por mí al hotel, en el camión había algunos extranjeros que inmediatamente se convirtieron en mis mejores amigos. Una señora alemana que estaba allí para tomar un curso de 3 semanas de Tai Chi, una pareja joven de ingleses y un matrimonio de la India.

La guía, con su peculiar inglés, nos ofreció que por la módica cantidad de 50¥ podíamos tener el acceso VIP y estar mucho más cómodos en la parte superior del barco. Sonaba a chamaqueada pero al ver que todos los güeritos lo pagaron no me quedó más remedio y lo hice yo también para tener con quien convivir.

Llegando al embarcadero nos dijo que no vendría en el mismo barco que nosotros, ¿por qué? quién sabe, y nos pidió que siguiéramos a un señor chino que hablaba nada de inglés pero sabía qué estaba pasando mejor que nosotros, cabe mencionar que era turista también pero la chinita literalmente nos enjaretó con él, estábamos todos muertos de risa. Llegamos al barco, bastante decente a decir verdad y nos llevaron a nuestra área VIP que era lo mismo, sólo en la parte de arriba, además cualquiera podía subir, nos chamaquearon vaya, pero valió la pena. El paseo duró 4 horas y tuve conversaciones muy ricas con mis nuevos amigos.

Por el micrófono se escuchaba y se medio entendía cómo las montañas tienen diferentes formas de animales, cosa que nosotros nunca pudimos ver. Lo más cool de la experiencia es que vimos el mismo paisaje que se ve en la parte de atrás de los billetes de 20¥

Por fin llegamos a Yangshuo, decidí que me quedaría a un show nocturno, porque lo vi en el folleto, no porque tuviera idea de qué era, le pagué el mismo a la guía y un extra por llevarme de regreso a Guilin por la noche hasta mi hotel. Con un mapa hecho a mano me indicó que tendría que estar a las 6:30 p.m. en el KFC y alguien vendría por mí para llevarme al show. ¿Quién sería? no me dijeron, dejé que la vida me sorprendiera.

Mapa hecho a mano

El resto del día lo pasé con Debbie y Scott, una pareja inglesa divina que viaja por el mundo continuamente. Echamos cervezas e intercambiamos experiencias, eso es lo que más me gusta de viajar sola, siempre conozco personas increíbles. En fin, ellos se fueron y me fui a aventurarme para comer algo. Me fui a la segura y comí un arroz Thai buenísimo en un restaurante donde era la única comensal.

 

Me dio tiempo de caminar y ver las tiendas de dulces, artesanías y las cosas tan peculiares que te encuentras en China, por ejemplo un hombre con pepino en la cara.

Ay China y sus cosas raras. Un poco de mi día en Yangshuo. Ahí hay hombres con pepino en la cara y bailes raros para hacer dulces.

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Por fin llegó la hora y muy obediente estaba a las 6:30 p.m. en punto en el KFC. Ahí estaba yo, esperando a alguien cuya identidad desconocía. Mi único distintivo era un sticker, bueno y el hecho de no ser china también ayudaba como referencia. Pasaron 15 minutos y yo me empecé a poner nerviosa pensando que me quedaría a vivir ahí por siempre. Finalmente se acercó un señor y me dio un celular, escuché la voz de mi guía indicándome que me fuera con él.

El señor me llevó a la combi más sucia que he visto en mi vida donde había otros turistas. Gracias al cielo una linda familia colombiana me adoptó temporalmente. Llegando al lugar del show había un tremendo desmadre. Igual que antes, me indicaron que siguiera a una amable pareja, ellos me dirían (a señas y sonrisas) qué hacer a continuación. Por fin llegué a un escenario hermoso con las montañas de fondo para disfrutar un show de luz y sonido increíble.

El show valió mucho la pena, sólo que hubo un pequeño percance. A la mitad me dieron una tremendas ganas de ir al baño, de esas veces con escalofrío integrado. Eso implicaba hacer en sus hoyos asquerosos, pero había que hacerle caso al cuerpo. Salí corriendo, como me lo temía uno estaba más sucio y mojado que el otro. Con ganas de llorar empecé la tremenda odisea del equilibrio y fui a lo mío. De pronto se me ocurrió voltear a la pared donde había una enorme araña haciéndome compañía, casi me infarto, el peor de los miedos que tenía era que se moviera y yo del susto me cayera en aquel desastre lleno de bacterias.  Opté por concentrarme, no llorar y terminar lo que ya había empezado.

Salí del baño echándome 7 litros de gel antibacterial y con escalofríos del asco de lo que me había pasado. Sin embargo, volví y disfrute lo que quedaba del show.

Al terminar el siguiente reto era encontrar el camión, la única referencia que tenía era un papel con las placas anotadas a mano. Al caminar al estacionamiento y ver 50 camiones idénticos me entró un poco de pánico de no encontrarlo jamás. Finalmente lo logré y me subí a un camión guajolotero donde no había una sola persona con la que me entendiera. No me quedó de otra más que confiar que me llevaría de regreso a Guilin y no terminaría secuestrada para plantar arroz por el resto de mi vida.

Ni sé cuánto tiempo hicimos de regreso porque me quedé dormida, desperté porque prendieron la luz y empezaron a decir “huasshuntonhuulonhu”.  Una señora me tocó el hombro y me hizo una seña para que me levantara. Me pidió que saliera del camión, mi hotel no estaba ahí, era una calle que no conocía. Yo en mis adentros pensaba: ¿qué pedo?, ¿en dónde estoy?, ¡pinche viejita! Había un taxi parado, parecía típica escena de secuestro. Quise discutirle a la ñora pero ni cómo decirle que la guía me había prometido que me llevaría hasta la puerta de mi hotel. Me subí toda espantada al taxi y le di la tarjeta del hotel, con señas y su cara de enojado me di cuenta que no me quería llevar y quería que me bajara. Voltee de reojo y el camión ya se había ido. Con mi Google Translator y cara de perrito triste le pedí que POR FAVOR me llevara al hotel y a base de mentadas me llevó. Estábamos cerca, no sé cuál era el gran problema. En fin, logré llegar dando gracias a Dios de estar bien y le conté mi triste historia al hombre de la recepción.

Llegué al cuarto directo a bañarme para limpiar todas las bacterias acumuladas y me dormí como bebé esperando la siguiente aventura en las terrazas de arroz.