El motivo por el que escribo esta historia es para demostrar que el mundo es un pañuelo y que las cosas que yo pensaba que sólo pasan en “La Rosa de Guadalupe” también me pasan a mí.

Una noche cualquiera, Raquel (amiga española de mi trabajo) me pidió que la acompañara al Barezzito porque Ana, su mejor amiga de Madrid, vendría de visita dos semanas a la Ciudad de México, además intuyó que las dos nos llevaríamos muy bien. Y así fue, no tardamos nada en ponernos a platicar y compartir nuestras experiencias de vida. Le conté que yo viví un año y medio en Madrid. Lógicamente, y como buenas mujeres chismosas, me preguntó qué tal me había ido con sus compatriotas en el amor.

Mi respuesta fue muy sincera al expresar mi amor por los barbones guapos de la madre patria, aunque mencioné que hubo uno en particular que había roto mi pobre y mexicano corazón. Le conté un resumen muy corto de la historia sin entrar en detalles. Al mismo tiempo yo le pregunté si tenía novio, a lo que respondió que sí, que estaba saliendo con uno. Pasó la noche, baile que baile, risa que risa, ella hasta me ofreció su casa para cuando fuera de visita a Madrid, best friends forever.

Unos días después yo estaba en Miami porque me habían mandado de trabajo y recibí una nota de voz de Raquel en la que me preguntaba el nombre de mi españolito del pasado. En el momento que lo escuché algo dentro de mí supo que era el novio de Ana. Todo salió porque Ana me agregó a Facebook y vio que éramos amigos, para ella fue igual, nada más verlo su intuición le dijo que era el mismo.

Como dirían mis amigos españoles, flipé en colores cuando me dijo que era la misma persona, tuve una combinación de risa nerviosa y asombro que me duró unas 72 horas. ¡No lo podía creer! ¿Cuál era la posibilidad? Hay miles de habitantes en Madrid, miles de habitantes en México ¿por qué tuvo que haber sido el mismo?

En fin, al día siguiente me desperté con mensajes de él preguntándome: “¿qué cojones le has dicho a Ana que ya me quieren cortar?” Y yo pues seguía flipando en colores obviamente y mi respuesta fue: “yo no le dije nada que no fuera la verdad, que el cosmos haya conspirado en tu contra y que hayas sido tú es algo muy diferente”.

Al final ellos hablaron y lo que no es en tu año no hace daño ¿no? Pero no quita lo impresionante de la historia, si yo me quería morir hubiera pagado por ver la cara de este wey. Aunque muy dentro seguramente se sintió un verdadero campeón.

Con esta historia Raquel y yo pensamos que no podía volver a pasarnos algo similar. Pero, la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida.

En septiembre del mismo año fui a Chicago con tres amigas, ahí, afuera de un antro se me acercó Gilberto a pedirme un encendedor. Él es puertorriqueño, aunque que vivía en Miami y estaba allí visitando a su hermana. Él tenía planeado venir a México a las pocas semanas, así que me pidió mi teléfono y estuvimos en contacto.

Cuál va siendo la sorpresa del destino, astros, o como quieran llamarle que a mí me mandaron a Miami (al viaje de trabajo que mencioné antes) y las fechas coincidieron perfectamente. Nos vimos en México un martes y los dos volamos a Miami el sábado siguiente. El punto es que pude visitar South Beach bien acompañada por el boricua en lugar de estar sola y devastada. La realidad es que la pasamos súper bien. Lógicamente tuvimos oportunidad de hablar mucho y me contó que su flatmate era español. Sin dar más detalle, hasta ese momento la información era irrelevante.

A los dos meses, nuevamente me pide Raquel que la acompañe al Barezzito porque ahora vendría su mejor amigo de Madrid, Santiago, aunque por el momento él vive en Miami.

Los invité a mi casa al famoso precopeo y estuvimos platicando largo y tendido de la vida. Por alguna razón, sale a la conversación que el flatmate de Santiago es puertorriqueño, obvio pensé en automático en Gilberto, pero habiendo pasado lo del español me parecía prácticamente imposible que me pasara otra vez, más porque Raquel era el eslabón de ambas historias y ya sería demasiado para mis nervios.

Las dos chismosas le pedimos a Santiago ver una foto de su flatmate. Nos muestra el celular y yo me quedé en shock unos segundos hasta que grité: ¡es Gilberto! ¡no maaaaaaaaaaaaE%#$&$#&$#&%#$%#& es Gilberto!

Santiago y Raquel tardaron unos segundos más en entender lo que estaba pasando, hasta que Santi me dijo: “¿¡Tú eres la mexicana!? ¡Claro que sé quién eres!” En ese momento le hizo una llamada por Facetime a Gilberto. Lo saludó y le dijo que le tenía una sorpresa desde Mexico, me aparecí en la pantalla y las palabras exactas, con ese acentito boricua cuando me vio fueron: “Vete pal caraaaaaaaajo”. Jajajajajaja de verdad que me río cada vez que lo recuerdo.

En fin, Gilberto y yo seguimos siendo amigos. Ahí no hubo tanto desmadre como en la historia anterior, pero no le quita lo heavy a la situación. Nos conocimos en Chicago, las posibilidades de que esto pasara son una en un millón. Creo que mejor debí haber comprado un billete de lotería.

Espero que mi vida les entretenga, yo prefiero reírme de mi misma, y a veces hasta me siento especial porque son cosas que sólo a mí me pasan.

Lo que me queda claro que es para mi próximo galán tendré que hacerle un estudio exhaustivo ya que para mi mala suerte puede ser un primo perdido o algo similar. Será mejor extremar precauciones.

¿Les ha pasado algo similar? ¡Cuenten!