La tercer parada de mi viaje a China fue Guilin, lo hice por recomendación de mi prima. Tomé un vuelo a las 7 a.m. desde Shanghai y llegué a un aeropuerto bastante feo, similar al de Durango en México. A lo lejos vi a dos “güeritos” pidiendo información en la oficina de turismo y me dije a mi misma “de aqui soy”. Reservé los tours que tenía previstos, probablemente pude haber encontrado opciones más baratas pero preferí irme a la segura.

Tomé un taxi, una señora con la cual me comunicaba con sonrisas me llevó hasta mi hotel. Atravesó un hermoso puente con lámparas chinas y me bajó indicándome que siguiera el camino a pie. Era un lugar divino, con pequeños hoteles rústicos y puestos de comida. Llegué a “The Flower Hotel” llevándome una grata sorpresa, el personal sumamente amable y un lugar muy lindo con vista a las montañas. Además de ser una ganga porque pagué $1,500 por tres noches con desayuno incluido.

Cerca de ahí fui a la “Reed flute cave”. Aquí les dejo un video mientras caminaba hacia allí, muerta de hambre por las rarezas de la comida china.

Yo era la única no china alrededor y me pedían fotos como si fuera famosa. La cueva esta muy linda, grande y bien iluminada. Vale la pena si tienes tiempo de verla.

Saliendo me topé con una señora que me invitó a dar un paseo en un barco hecho de bambú al estilo Xochimilco.

Llena de valor y con las instrucciones de una amable mujer que medio masticaba el ingles me subí al camión local para llegar al centro. Costaba 1 ¥ y al no traer cambio el chofer, de mala gana, me dejó pasar gratis. Ahí me tienen, rodeada de locales observada por los niños que me veían como si fuera yo de otro planeta. Tomando un KFC como referencia me bajé del camión con toda la intención de buscar un lugar para comer, estaba realmente hambrienta. Me sorprendí al ver que Guilin es una ciudad relativamente grande, vi un letrero de un restaurante que aparentaba estar sabroso y entre.

Estaba vacío y no hablaban nadita de ingles así que con mi Google translator pedí un hot pot que mucho me habían recomendado y un arroz. La neta no estuvo chido, casi me vomito porque el pollo tenia todos los huesos y la piel y no sabia a nada. Pero el arroz llenó mi pancita para seguir la odisea.

Seguí caminando y siguiendo el mapa llegue al “Four Lakes Scenic Area“. Un bello camino que rodea un lago donde los chinitos van a pasar el día.

A lo lejos vi un mercado y decidí acercarme por plena curiosidad. Me topé con una gran calle peatonal divina, llena de bares, tiendas y restaurantes. La “Zhengyang Pedestrian Street“. Mucho me lamentaba no haber comido ahí.

Vi una gran oferta gastronómica china incluidos bichos y peces matados al momento a media calle. La verdad no la pasé muy bien pero como soy re buena onda hasta video tomé.


Me senté a echarme una chelita y a observar a la gente. Mucho turismo europeo, más del que me hubiera esperado. Seguí caminando por la ciudad procurando acercarme hacia la zona de mi hotel que estaba “lejos”, a unos 10 minutos en coche. Fue así que para cruzar la calle me metí a un túnel, lleno de tiendas de cosas para celulares y comida extraña. Lo mas cagado que descubrí fueron unas cabinas de karaoke. Casual a media tarde los chinos se meten a cantar en el karaoke subterráneo jajaja ¡WTF!

 

Caminé y caminé impresionada de la cantidad de motos y bicis. Le pregunté a una mujer cuál era la mejor manera de llegar al hotel y me dijo que taxi. Mágicamente uno apareció. Desde el minuto uno que me vio el señor se empezó a reír, le causé gracia supongo, leyó la dirección y sin dejar de mostrarme su dentadura cafe y chimuela me hizo el ademán que saliera del auto. Muerta de risa me bajé, afortunadamente ahí seguía la mujer que me había ayudado, le dijo al taxista (yo supongo) yo que no fuera gacho y me llevara, el viejito por fin accedió. Volví a subir y tuvimos una profunda conversación a base de carcajadas. Tan bien le caí que hasta su tarjeta me dejó. Me súper chamaquearon porque con taxímetro hubiera sido mucho menos de lo que me cobró. Pero ni como discutirle, lo único que quería era dormir.

A las 9 p.m. como bebé me dormí ya que al día siguiente me esperaba una mueva aventura llena de arañas y desesperación.